Archivos para Febrero de 2005

Concursos

La justicia argentina falló a favor de indemnizar por varios miles de pesos argentinos al finalista de un concurso literario. Y no estamos hablando de cualquier concurso: se trata del Premio Planeta de Argentina edición 1997, que ganó Ricardo Piglia con su libro Plata Quemada. El escándalo ya venía desde hace buen tiempo atrás, a partir de las denuncias que hiciera en su momento la hoy desaparecida revista Tres Puntos. El problema legal: Piglia tenía un contrato con Planeta, y eso contravenía las bases del concurso. La demanda había sido presentada por el escritor Gustavo Nielsen.

Otro dato interesante: los jurados eran Mario Benedetti, María Esther De Miguel, Tomás Eloy Martínez y Augusto Roa Bastos. Se presentaron 250 obras. Es obvio que estas cuatro personas no leyeron todos esos originales. ¿Cómo se seleccionan las que al final llegan a manos de los jurados “públicos”?. De acuerdo a lo que publica Clarín, “un grupo de especialistas de la editorial” seleccionaban 10 novelas, las cuales si eran leídas por el jurado.

Los que sospechaban sobre los concursos literarios ahora tienen más argumentos para hacerlo.

La argentinidad, al pago

Una nota publicada por el periodista Eduardo Fabregat, de Página/12, en su blog, cuenta como se reparten ciertos subsidios que otorga el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Hay cosas francamente escandalosas: por ejemplo, 44 mil pesos para apoyar a la empresa Pop Art a organizar el Quilmes Rock, que tenía anunciantes que pagaban -y bien- para que su nombre apareciera allí; y 30 mil pesos a una firma llamada Verbum SRL para un trabajo llamado “Contrakultura, relevamiento del trabajo de pensadores de la ciudad”. Ahora resulta que la contracultura se financia con dinero del Estado -aunque, la verdad, esto no me suena muy novedoso….

Y pensar que algunos siguen hablando del rock como una cultura de resistencia… Apenas pase un poco el tema Cromagnon, ya tendremos de nuevo a los viejos conocidos de siempre, llenando estadios y haciéndose los rebeldes antisistema. Y bueno: es su receta de marketing y hasta ahora les salió bien…

La nota de Fabregat la pueden leer en esta página.

De blogger al podcasting

A algunos les parece una moda, a otros un nuevo modo de expresión interesante, a unos cuantos más bien les suena a desperdicio de ancho de banda y la gran mayoría de los usuarios de Internet por ahora ni siquiera sabe de su existencia. Se trata del podcasting, archivos de audio mp3 que pueden incluirse de manera adjunta en los feeds RSS o Atom. Ahora, Evan Williams, el fundador de Blogger, ahora ha organizado una nueva empresa: Odeo. Obviamente, nueva empresa ya tiene su blog. La idea es ir más allá de un simple directorio, y brindar online las herramientas para que los usuarios puedan crear, bajar y distribuir podcasts. Suena ambicioso. Eso sí: vamos a ver sale de todo esto. O una gran innovación o un espantoso derroche de ancho de banda.

Por ahora Odeo no se encuentra disponible, pero se puede dejar la dirección de e-mail para que te avisen cuando lancen sus servicios.

Workshop on the Weblogging Ecosystem

Para los que están interesados en cuestiones teóricas sobre el tema de los blogs, un enlace interesante es Workshop on the Weblogging Ecosystem: Aggregation, Analysis and Dynamics, un evento que tendrá lugar en Chiba, Japón, el 10 de mayo de 2005. Ya hay disponibles varios papers y slides, todos ellos en PDF. Mis recomendaciones son Mapping the Blogospere in America de Alex Halavais; Blogs as “Protected Space”, de Michelle Gumbrecht y How can we measure the influence of the blogosphere? de Kathy Gill.

Tecnologías de la información e innovación

Las nuevas tecnologías de la comunicación y la información (TICs) hace años que vienen impulsado cambios en el llamado paradigma tecnoproductivo, al alterar las variables de los modelos previos. Las TICs toman un rol clave a la hora de controlar los procesos centrales de la sociedad humana. Su crecimiento, asociado a la consolidación de sectores como la microelectrónica, modifica de tal manera los patrones de producción que su influencia no sólo se encuentra en los sectores más nuevos sino también en las industrias más tradicionales, como la manufacturera o los procesos administrativos y contables.

La idea base es que los conocimientos e ideas necesarias para la sociedad son cada vez más complejos y especializados, y que requieren de un volumen creciente de procesamiento de datos. Esta configuración tecnoproductiva se asocia con empleos y procesos que requieren de un alto nivel de multifuncionalidad, capacidad de trabajo en grupo y disposición a la resolución permanente de problemas. Chequeen los cambios que se han visto en el entorno laboral de los últimos años: cada vez se requiere que tengamos mayor capacidad para realizar diferentes funciones, a la vez que las rígidas divisiones al interior de las empresas son cada vez menos importantes. Obviamente, también hay aquí una cuestión de costos: hacemos más y más variado, pero no por eso ganamos mejor. En cierta medida, hay aquí mejoras en la productividad que no siempre impactan de manera positiva en los salarios, en tanto también crece la mano de obra desocupada. Leer el resto de esta entrada »

¿Que son los comentarios?

Ayer justo me quejaba de que el diario Clarín no deje escribir comentarios a sus lectores en la sección “Conexiones”, que en principio se presenta como un blog. Y hoy me encontré que el periodista Luis Majul tiene su propio blog, instalado en Blogger. ¿Y adivinen que? Tampoco permite hacer comentarios… Estos piensan más en las operaciones políticas que en la participación de los lectores…

Actualización: tal como señala Lucas en los comentarios, el blog de Majul ahora tiene los comentarios habilitados. ¿Quieren apostar cuanto duran? :)

Actualización 2: hoy, lunes 28 de febrero, los comentarios ya no están habilitados…

Actualización 3: de nuevo el blog de Majul tiene los comentarios habilitados.

Del.icio.us: demasiados usos

Esto merece leerse: una impresionante lista de aplicaciones que interactúan con Del.icio.us, el sistema de social bookmarks más popular de la Red. Pueden acceder a ella en Quick Online Tips That Work.

También pueden ver en Persistent Info como agregar contenidos a Del.icio.us directamente desde la interfaz de Bloglines. Y si quieren un editor WYSIWYG para Del.Icio.US, pueden chequear en Wetaste.

Desde el vacio de las ciencias de la comunicacion

Miguel Wiñazki publica hoy en el diario Clarín una nota titulada “Las vacías ciencias de la comunicación”. Allí, dice que “son innumerables los eventos teóricos vinculados a la acción comunicativa propiamente dicha en los que los profesionales de la información brillan por su asombrosa ausencia”. Supongo que por “comunicativa” quiere decir “informativa”. La idea de Wiñazki es que los congresos en donde se analiza a los medios no tienen mayor relevancia, en tanto los periodistas no están presentes en ellos. Para ello, hace una comparación con la profesión médica. ¿Tendría relevancia para ese campo un congreso al que sólo asistieran pacientes?

Pero la comparación es poco válida. Los médicos incluyen, dentro de sus prácticas necesarias para legitimarse en su profesión, la asistencia y presentación de trabajos en congresos. De otra manera, no tendrían un buen currículum, y no podrían presentarse, por ejemplo, para concursar cargos públicos. En cambio, un periodista no necesita hacerlo. Puede pasarse la vida sin pisar uno de ellos. Su capital simbólico se construye, mayoritariamente, a partir de sus publicaciones en los medios. Más sobre los médicos: los congresos son un lugar de actualización de conocimientos y de contacto con nuevas tecnologías aplicadas a la profesión. ¿Acaso los periodistas necesitan ir a congresos para estar al día con las formas de informar, o de escribir una noticia?

En el ámbito de los medios no hay mayores estímulos para la reflexión académica sobre la profesión. Por esas cosas de la vida, tengo dos trabajos, uno de cada lado: por un lado, soy docente universitario en Ciencias de la Comunicación desde 1997 y licenciado de esa carrera; por otro, periodista especializado en tecnología desde 2000. He publicado muchos trabajos periodísticos y académicos, y en realidad estos ámbitos exigen diferentes saberes y conocimientos, y desde ya tienen diferentes estrategias a la hora de construir un buen prestigio como profesional.

Si los periodistas no están presentes en los congresos para hablar sobre sus propias prácticas es porque, en buena parte, no tienen incentivos para hacerlo. Y por otra, porque carecen de la inserción académica necesaria, e incluso los conocimientos prácticos suficientes para desarrollar un paper. A eso hay que sumarle otro tema: mis colegas del campo periodístico suelen estar superados por el trabajo, corriendo de un trabajo a otro o buscando colaboraciones, con el loable fin de llegar a fin de mes. ¿En qué momento van a ponerse a armar papers? Un médico necesita de esa inserción académica si quiere obtener cargos públicos relevantes o ser públicamente reconocido en su profesión; un periodista puede no ingresar en la academia y seguir siendo reconocido públicamente en su trabajo.

Pero hay un motivo más teóricamente interesante. Como diría Bruno Latour, como investigadores académicos nunca debemos adoptar el lenguaje de la tribu para hablar sobre ella. No tiene sentido usar su misma forma de legitimar lo real; al tomar distancia de esa forma de comprender el mundo, podemos describir esas prácticas de una manera que seguramente no será del agrado del grupo analizado. Un excelente ejemplo es la teoría del newsmaking, que está resumida de manera brillante en el áun indispensable libro de Mauro Wolf, La investigación de la comunicación de masas, que en 1991 editó Paidós en Español. Allí se plantea estudiar a los periodistas a partir, justamente, de sus rutinas productivas. Esto no se reduce sólo a la escritura y a titular, sino que se expande al uso de las fuentes, a la legitimación de las noticias, a la necesidad de entregar un producto terminado todos los días, en un horario establecido y con la misma cantidad de contenidos novedosos. La teoría del newsmaking se ha revelado muy incómoda para quienes somos periodistas; lejos de acusarnos de “manipular” las noticias, argumenta que el periodismo tiene estrategias de construcción de lo real que se encuentran implícitas en el mismo aparato de generación de noticias. Por ejemplo, el estar orientado a los hechos y no a las tendencias. La desocupación seguramente es uno de los temas que más preocupa a la gente, y los periodistas lo saben. ¿Sale todos los días el tema de la desocupación en la tapa de los diarios? No. Por un lado, porque hay que variar los contenidos para que llamen la atención. Por otro, porque excepto cuando lo encarnan en un hecho -la difusión del índice de desocupación por parte de las autoridades, o las concentraciones para pedir trabajo en San Cayetano, o una historia de interés humano de un desocupado- los periodistas no tienen manera de construir una noticia a partir de ese tema. O el tema de las fuentes, que tienden por lo general a dotar de mayor relevancia a las versiones oficiales, en tanto éstas se encuentran legitimadas por el sistema político, y son fácilmente hallables.

Para hablar del lado académico, debo conceder a Wiñazki que efectivamente aún pueden escucharse en los congresos refritos varios de las versiones más pobres de la teoría de la manipulación, junto a abordajes muy poco complejos sobre los medios. Aún hoy siguen apareciendo trabajos que tienden a creer que la esfera comunicacional está por completo escindida de la vida cotidiana, cuando es evidente que hay relaciones políticas y sociales entre ellas. Pero a la vez, también hay un creciente número de investigadores que efectivamente saben concentrarse, para citar a Wiñazki, en “las rutinas metódicas que deben respetarse para que los tiempos de producción de la noticia resulten acordes a las rígidas cronologías a las que obliga la necesaria articulación entre la redacción y los talles (sic) de impresión”.

Si los periodistas no van a los congresos, es porque en buena parte no les interesa. Y porque además se nos lleva a pensar que la forma en la cual cubrimos lo real es obvia y natural, sólo cuestionable desde lo ético, pero no en lo político. Al asumirlo como sentido común, se bloquea la capacidad de reflexión sobre lo real. Se lo ve como obvio y dado, y no como una construcción social y política. Del lado académico, no creo que sea necesario ejercer como periodista para poder analizar este mercado. Si, en cambio, creo que es indispensable conocer los mecanismos de esta industria, como se trabaja en una redacción, como se escribe, como se reparte la propiedad de los medios. Pero para ello basta un buen trabajo de campo y de investigación. Me pregunto si Clarín estaría dispuesto a dejar que especialistas de ciencias sociales vayan a hacer etnografía a su redacción, para ver como legitiman las noticias.

Por último: ¿cuándo permitirá Clarín que sus lectores dejen comentarios? Sé que es un poco difícil manejar el spam y los insultos en un sistema abierto -lo sé porque tengo que mantener este blog- pero un medio con los recursos de Clarín seguramente podría hallar la solución, por ejemplo implementando un buen equipo de moderadores y software, como el famoso Slashcode. Obviamente, me hubiera encantado, por ejemplo, tener la posibilidad de hacer un trackback a la nota de Wiñazki, como para poder ampliar la discusión. ¿O será que aún se siente cómodos con el viejo y perimido sistema de permitir las opiniones de los lectores sólo cuando pasan varios filtros? Mejor entonces que vayan pensando en la frase de Dan Gillmor a la hora de entender porqué debemos permitir los comentarios para complementar un texto en los medios o en un blog: “los lectores saben más que yo”.

Y si no lo hacen, de todas maneras los usuarios de la Red harán escuchar su opinión. Y si no, la larga lista de blogs que salió a responder la nota de Julio Orione, del suplemento informática de Clarín, en el cual este afirmaba que el navegador Internet Explorer, famoso por sus problemas de seguridad, era más “confiable” que Mozilla Firefox.

Sobre trackbacks y comentarios

Un par de meses atrás, hice una entrada donde hacía mi aporte acerca de la definición de qué es un blog. Allí decía que “una de las razones del éxito del formato blog es su énfasis en la colaboración entre usuarios y bloggers. Quienes comentan en nuestro sitio no sólo pueden hacernos notar su disconformidad con nuestras ideas e insultarnos; también, y sobre todo, pueden complementar la información, sumar más datos, rectificar algunas afirmaciones. Realmente, un blog realmente es útil cuando el blogger y sus lectores contribuyen a hacerlo así”. Hoy me encuentro con una entrada en Minid donde cuenta que, debido al spam, ha decidido eliminar los trackbacks. Y completa con una frase bastante directa: “Como siga esto así de los comentarios, ni moderandolos me voy a conformar. Directamente cerraré toda opción de comentar así no tengo que perder minutos de mi vida moderando comentarios ni manteniendo el weblog de comentarios basura”. No puedo dejar de manifestar mi sorpresa frente a este tipo de “decisiones”. Estoy de acuerdo con el tema de la molestia por el trackback spam, pero eliminar toda posibilidad de colaboración por parte de los lectores es simplemente quitar todo interés a los blogs. O sea, volveríamos a la era de las páginas personales, y a desperdiciar muchas de las potencialidades de Internet.

Una cosa es el enojo, y otro es desconocer la importancia de las posibilidades de colaboración, que es el rasgo que hace interesante a los blogs. Todo esto no es sólo cuestión de ego y envidia, como a veces alguna gente quiere hacer notar cuando critica a los blogs como herramienta de publicación. Es realmente mucho más que eso, mal que les pese a los criticones de siempre.

Y haría un trackback a Minid con mi opinión, pero ya los bloqueó. En tanto es su blog, tiene el derecho de limitar la participación. Pero creo que todos deberíamos buscar soluciones no tan radicales al respecto.