Archivos para Marzo de 2007

Twitter, la psicologia y Gran Hermano


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Twitter

OK: todo el mundo escribe en estos dìas sobre Twitter. Ya diré algo más adelante sobre su utilidad o interés como herramienta. Pero ahora quería concentrarme en un punto que me está llamando mucho la atención, y que es el tipo de críticas que se le hacen a Twitter. Voy a exponer dos, que me parecen bastante representativas: el análisis psicologista de un hecho social, y la comparación con Gran Hermano.

La psicología de las masas: ¿por qué hay gente que usar Twitter? Porque son egocéntricos / estúpidos / geeks incurables / gente poco interesante. En todos los casos, hay un evidente intento de querer analizar un hecho social como Twitter a partir de presuntos problemas psicológicos individuales. Francamente, es un tipo de análisis de nulo interés. Creer que decenas de miles de personas pueden agruparse porque son imbéciles / egocéntricos / aburridos o lo que sea pasa por alto la existencia de retóricas y estructuras que dotan de sentido a los comportamientos de los grupos. Hasta un análisis a partir de “la moda” o “el buzz” sería más provechoso que la tentación de aplicar, de manera absolutamente imposible de comprobar en la práctica, el análisis psicologista.

Twitter es como Gran Hermano: al igual que éste último, en Twitter los usuarios usarían su vida cotidiana como una simple excusa para construir un espectáculo alrededor de ella, y hacerla significativa en tanto pueden mostrarla a los demás. Si bien aquí puede concederse que hay ciertos puntos de contacto, tengo varios desacuerdos con esta analogía. La primera es que hay un problema de contextualización; tanto Twitter como Gran Hermano participan de un marco en común, en el cual se están redefiniendo -podríamos hipotetizar- los límites entre lo público y lo privado. Pero forzar la analogía trae muchos problemas. El primero es pasar por alto que Gran Hermano tiene más que ver con los medios tradicionales que con las nuevas formas colaborativas de Internet. Su forma de estar guionado, de ser promocionado, de participar de múltiples productos mediáticos, da cuenta de que estamos frente a un producto televisivo y nada más. El uso de los avances en hardware y dispositivos tecnológicos están al servicio del tradicional medio televisivo. Eso no sucede en Twitter, donde la forma en la que cada usuario crea su personaje tiene más que ver con soportes como el chat y las redes sociales. Estamos hablando, en el fondo, de cosas completamente diferentes pero que pueden ser comparadas por compartir épocas similares.

Desde ya que podemos establecer críticas relevantes e interesantes a una herramienta como Twitter. Pero eso no debería impedirnos recordar que hay varias cosas importantes para hacer antes del análisis crítico. Una, saber que hacen los usuarios con esa herramienta. Segundo, dar cuenta de cuales son los sentidos comunes que se legitiman a partir de uso, o cuáles son las razones que los impulsan a adoptar esa plataforma de manera masiva -en el caso de Twitter, por ejemplo, se podría hipotetizar que muchos usuarios tienen un ansia de autopromoción que están buscando conectar con su posición en la blogosfera. Algo que no hacen por ego, sino -a ver si de una vez por todas se dan cuenta- por dinero. Que es la razón por la cual tener muchas visitas, buen Pagerank, y muchos enlaces en Technorati -como cada uno monetice esa posición es una cuestión para discutir en otro momento.

Algunos enlaces de críticas a Twitter que inspiraron esta entrada:

Si sos egocéntrico usá Twitter
Millones de moscas no pueden estar equivocadas

[tweet]

Felicidad quimica: sobre medicamentos y nuevas enfermedades

La semana pasada hacía una reseña muy general de La verdad acerca de la industria farmacéutica. Cómo nos engaña y que hacer al respecto, de Marcia Angell, un libro sobre cómo la industria farmacéutica estadounidense gana miles de millones de dólares a costa de cobrar muy caras las drogas que comercializa. Y todo ello gracias a una combinación de extender los períodos de monopolio, gastar poco en innovación y mucho en comercialización, y hacer un continuo lobby para lograr leyes favorables a la industria.

Pero uno de los temas más interesantes del libro, desarrollado en el capítulo 5, es acerca de la relación entre las drogas “yo también” -básicamente, drogas poco innovadoras que compiten con otras desarrolladas por laboratorios competidores. Una de las formas de vender de manera masiva este tipo de drogas es lograr imponer su uso para “nuevas enfermedades”. Por ejemplo, Paxil comenzó a venderse para tratar el “trastorno de ansiedad social”. O sea, timidez. La movida es interesante: se trata de identificar como patología un tipo de comportamiento humano relativamente extendido, y así “descubrir” un nuevo mercado. Si se toma en cuenta que mucha gente sufre por su timidez, y siente que eso perjudica su vida, lograr que comiencen a tomar ciertas drogas para “curarla” podría proporcionar enormes ganancias. Y todo gracias a un medicamento que no tiene mayor aporte de innovación.

Y hay más: Paxil, del laboratorio GlaxoSmithKline, luego comenzó a ser recetado para el “trastorno de ansiedad generalizada”. Para septiembre de 2001 las publicidades del medicamento mostraban los ataques a las Torres Gemelas, y proponía tratar “esa ansiedad” con la ingesta de este producto. Que fuera completamente normal sentir inquietud frente a semejante situación no era lo importante. La clave, para la industria farmacéutica, es que se trata de una “patología”, y que por lo tanto se debían ingerir drogas para tratarla.

En cierta medida, este tipo de “descubrimiento” de patologías muestra la continua forma en que la industria farmacéutica busca extender los posibles usos de sus productos, incluso más allá de lo autorizada por las autoridades regulatorias. Para ello, lograr identificar nuevas patologías es un buen recursos; al final, todo problema parece necesitar drogas para ser superado. Una particular versión de la felicidad química, en el fondo.

Libros comprados VII: La verdad acerca de la industria farmaceutica

Acerca de La verdad acerca de la industria farmacéutica. Cómo nos engaña y que hacer al respecto, de Marcia Angell. Norma, Bogotá, Colombia, 2006.

El libro de Marcia Angell tiene un objetivo bien claro: demoler el discurso de la industria farmacéutica estadounidense, que sostiene que debe cobrar precios para altos para poder seguir investigando e innovando con nuevos medicamentos. En vez de ello, la autora más bien deja en claro que los altos valores que pagan los usuarios se deben, simplemente, a una codicia desmedida por parte de esta industria. Analicemos algunos de los puntos que analiza el libro.

En primer lugar, la industria farmacéutica sostiene que cobra precios altos porque gasta mucho en investigación y desarrollo de nuevos medicamentos. Contra este argumento, Angell cuenta como en realidad la mayor parte de los medicamentos lanzados por grandes laboratorios no son más que variaciones poco valiosas de drogas ya existentes, a las que llama “yo también”. La mayor parte de los nuevos descubrimientos, en cambio, son adquiridos a laboratorios universitarios, que son financiados por dinero público. El libro analiza año por año los medicamente “innovadores”, y da cuenta de como apenas uno o dos al año son responsabilidad de las grandes empresas.

Uno de los problemas de los remedios “yo también” es que, como son prácticamente iguales a otros medicamentos, es complicado lograr que el público acepte pagar precios altos por ello. Por ese motivo, la industria se ve obligada a gastar fortunas en marketing y publicidad, algo que luego los consumidores pagan. No sólo se trata de avisos en los medios. También hay una enorme maquinaria de cooptación de los profesionales médicos, que reciben todo tipo de dádivas y regalos si recetan determinados productos. Así, no es nada raro que profesionales destacados de la industria médica reciban honorarios por “consultorías” y sean invitados a congresos médicos en Hawaii, por ejemplo. Parte de esta cooptación se da también mediante la financiación, por parte de los laboratorios, de investigación de poco valor científico, que antes que testear la utilidad de determinadas drogas, busca promoverlas mediante el marketing disfrazado de revisión académica.

Por cierto, la industria farmacéutica no suele informar de sus gastos reales en investigación y desarrollo; parte de ese rubro pertenece en realidad a comercialización. Más bien, gastan mucho más en este rubro que en I+D.

La otra pata importante que permite a la industria cobrar precios muy altas por sus medicamentos, a pesar de que innova muy poco, es la permisiva actitud del gobierno estadounidense. A través de los organismos de control, permite que los laboratorios patenten como nuevos drogas que son prácticamente iguales que otras anteriores; no controla adecuadamente la publicidad directa al consumidor; y no castiga con suficiente dureza los engaños directos al sistema de salud pública. Además, en muchas ocasiones permite que los laboratorios obtengan extensiones al período de patentes que tienen sus drogas, que es de 20 años, lo cual les permite obtener miles de millones de dólares al año. Por cierto, el Congreso estadounidense no juega un mejor papel; a cambio de muchos millones para financiar sus campañas, en los últimos años han favorecido a la industria con nuevas leyes y regulaciones.

De todos modos, desde hace varios años los consumidores estadounidenses y los Estados han comenzado a quejarse de manera abierta de los altísimos costos de las drogas, que es muy superior a otros países desarrollados. Por ejemplo, muchas personas han comenzado a comprar sus remedios en Canadá, donde incluso los medicamentos fabricados en Estados Unidos son sustancialmente más baratos. La respuesta de la industria farmacéutica estadounidense no fue reducir sus precios, sino lograr que el Congreso prohibiera la importación de drogas desde Canadá, lo cual dice mucho del estado de las cosas. Aún así, muchas personas las adquieren vía Internet a farmacias canadienses porque ahorran mucho dinero. Frente a estos síntomas, Angell cree que ha llegado el momento en el cual los laboratorios deberán comenzar a cambiar su modelo de negocios, que está entrando en crisis, frente a la actitud negativa de los consumidores.

En líneas generales, el libro muestra como la industria farmacéutica está más interesada en hacer marketing de drogas poco novedosas, en extender el período de las patentes y en lograr legislaciones favorables, que en investigar. El libro realmente se lee muy fácil, ya que tiene un tono más bien didáctico y periodístico, a pesar de ser escrito por una profesional del sector médico como Marcia Angell, que trabajó antes en publicaciones especializadas del sector de las publicaciones para médicos.

Adsense, o el lento final de la luna de miel contextual

Desde hace varios días, se viene discutiendo la posibilidad de que en el corto plazo Google Adsense comience a informar a los anunciantes de los sitios donde aparecen sus publicidades, y de esa manera poder controlar donde se invierten sus dineros. La medida se debería a que una pequeña startup llamada Quigo justamente revela este tipo de datos a sus clientes de la red de publicidad, y le ha estado sacando anunciantes a la red de Google. En la actualidad, recordemos, quien compra palabras clave en Google Adwords no sabe donde salen sus publicidades, y sus reportes se limitan a clics y costos.

La implementación de esta medida en general ha sido bien recibida como una muestra de “mayor transparencia”, y que permitirá acabar con buena parte del fraude en la Red, como plantean en Endocitosis de Red. Como los anunciantes verán donde se publica sus avisos, eliminarán de su lista sitios poco atractivos o con evidentes intenciones de fraude. Si bien esto es cierto, hay otros aspectos menos positivos. Alguna vez hablé aquí de las lunas de miel contextuales. Lo que todavía hoy se puede hacer es, por ejemplo, tener un sitio crítico sobre determinada temática y lograr tener ingresos de publicidad por palabras clave asociadas a esa misma industria que uno critica. Aquella vez planteaba que esto era temporario, y que tarde o temprano los anunciantes recuperarían un mayor control. Hasta ahora, para los blogs lo importante era lograr mucho tráfico y en la medida de lo posible asociar su contenido con keywords atractivas en Google Adwords. Ahora tendrán otro tema más: no hacer enojar a potenciales anunciantes. Esto se parece mucho a lo que pasa actualmente con la prensa tradicional, aunque hay varios atenuantes:

* Si bien es cierto que los anunciantes podrán ver en qué sitios se publican sus avisos, éstos son tantos que el control, al menos en los primeros tiempos será complejo. Para una pyme, por ejemplo, no tiene mucho sentido poner a alguien a controlar el tema. Aunque muy probablemente esto se termine tercerizando en alguna firma.
* Como hay muchos anunciantes en el sistema, para un sitio perder un par en beneficio de su información tampoco supondrá una pérdida tan terrible. En este sentido, igualmente los anunciantes tendrán menos poder de presión que un medio tradicional.

De todos modos, si hoy Google ya está pensando en dar a conocer esa información a sus anunciantes, ¿qué impide que en el futuro permita que estos definan valores diferentes para cada sitio donde se anuncian? ¿Acaso esto no terminará beneficiando a los grandes sitios?

Las lunas de miel contextuales se están terminando. Ya no será todo tan simple como conseguir tráfico y listo. Si bien los primeros afectados serán los sitios claramente fraudulentos, no sería nada raro que ese tipo de información termina impulsando un mayor control por parte de las empresas de lo que se diga en blogs y sitios.