
En los últimos meses, han comenzado a aparecer cada vez más en nuestros país una oferta de acceso a Internet mediante tecnologías 3G. Que, al estar basadas en las redes de celulares, permiten una conectividad permanente para aquellos que tienen actividades que los obliguen a moverse por la ciudad o por distintas ciudades. Y eso es vendido, rápidamente, como una posibilidad de “mayor libertad”. En las publicidades la gente trabaja en el verde, o mientras viaja. Pasemos por alto el hecho de que ahora podrás trabajar desde cualquier lado. Vamos más bien a la idea de la rentabilidad de las redes 3G.
Hasta ahora, la conexión a Internet estaba basada en un esquema de “tarifa plana”. A las empresas de telecomunicaciones, en particular las que vienen del mundo de la telefonía, nunca les gustó esto de “pagas X y envías todos los datos que quieres”. Han debido adaptarse a ese mercado, pero con pocas ganas. Pero ahora tienen una oportunidad para volver a un modelo tarifado. Y es 3G.
¿Y acaso no va a pasar lo mismo que con la banda ancha tradicional, que al principio también era tarifada? Hay una diferencia: tal como está ahora, las redes de telefonía celular sobre las que se asienta el 3G le pertenecen en exclusividad a las compañías telefónicas. Otras tecnologías están bastante retrasadas. El WiMax mobile por ahora no aparece. Y las telcos aprovechan. Vayan y busquen alguna tarifa plana de 3G en el mercado argentino. Nada. Por X pesos te dan hasta X gigas de transferencia; a partir de ahí, pagas por KB transferido o te pasas a la red GPRS / EDGE, que se parece mucho al viejo dial up.
Las redes 3G y su implantación están logrando que las telcos vuelvan al modelo que les gusta: un abono básico + un consumo excedente tarifado. ¿Por cuánto tiempo lograrán imponer este modelo al trabajador móvil? Porque, queda claro, con esas limitaciones, las telcos ganan más, pero la difusión de 3G se hará mucho más lenta, y sus impactos sobre el mercado de teletrabajo serán mucho menores.