Las manos limpias
El desastre de República de Cromagnon y la muerte de más de 190 personas está causando toda serie de consecuencias, pero ninguna parece cercana a la famosa hipótesis del “suicidio del rock chabón” o barrial argentino. Más bien, los que peor la están pasando son los grupos de segunda lÃnea que no llevan mucha gente, y que de golpe simplemente ya no tienen donde tocar. A las bandas que hacen canchas no les preocupa mucho el tema; al fin y al cabo, pudieron hacer sus festivales de verano sin mayores problemas.
Lo que ha cambiado también es la agenda de la seguridad en la ciudad de Buenos Aires. De esta dominada por el tema de los secuestros, ahora la demanda al Estado es que prevea todo tipo de problemas en locales cerrados. AsÃ, recién ahora los locales han comenzado a reabrir, con muchas más medidas de seguridad y costos. Eso también va a impactar en el valor de las entradas de los locales más pequeños y de las bandas más chicas. Otra vez son las que pagan el pato.
Lo que todavÃa nadie tiene claro es que pasará con la “cultura de la fiesta”. Si bien ya se da por sentado que no habrá imbéciles con bengalas en locales cerrados, me pregunto que sucederá con el resto de la decoración de esas “fiestas”. Ya muchos sabÃan de bandas que armaban las banderas y las repartÃan a la concurrencia, y que en realidad hacÃan todo una puesta en escena de algo que se creÃa espontáneo. Para muchos, lo único que se hacÃa era suplir la mediocridad de la banda con mucha “fiesta popular”, que en el fondo estaba bien fabricada. ¿Seguirá esta táctica siendo rentable como apuesta de marketing segura para comenzar a subir puestos en el mercado del rock argentino?
Porque en el fondo, toda la puesta en escena de banderas, bengalas, etc, era ante todo una estrategia espectacular de marketing. Obviamente, no era impuesta de manera vertical: tenÃa éxito porque lograba articular una forma particular de integración del público. Eso no es nuevo: ya muchos marcaron que el fútbol ha hecho algo similar hace tiempo.
Por ahora, lo único que sabemos del caso Cromagnon es que todos se quieren lavar las manos de las responsabilidades. Excepto Chabán, que ya está hasta las manos, lo más probable es que el resto de los imputados termine zafando. Y a la larga, los inevitables juicios civiles por reparación económica terminarán siendo pagados por el Estado, mientras los que se llevaban un buen porcentaje de las entradas seguirán mirando para otro lado.
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