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La hipótesis que sostiene Scott Karp, del excelente Publishing 2.0: la web 2.0 y sus “sitios colaborativos” no son más que una manera de explotar a los usuarios, que generan contenido de manera gratuita, sin recibir nada a cambio. El valor de muchos sitios -MySpace, Flickr, y la lista continúa- no se basa en su tecnología, sino en su comunidad y en los aportes que ésta hace.
La idea de que los usuarios están siendo explotados no es descabellada. Efectivamente, el atractivo de estos sitios se basa en tener personas leales, que continuamente agreguen nuevos contenidos, y que en algunos casos hasta paguen por ello -como en el caso de Flickr. Mucha tecnología, pero volvemos a los análisis marxistas más tradicionales acerca de cómo quien posee los “medios de producción” obtiene sus ganancias gracias a apropiarse de trabajo ajeno. Con un agravante: que en este caso ni siquiera pagan.
Alguien dirá: “¿pero acaso los usuarios no colaboran allí porque quieren? ¿Dónde está la explotación?”. Que no haya coerción directa no significa que no haya explotación. Al fin y al cabo, durante toda su historia los trabajadores, bajo el sistema capitalista, han colaborado con su propia subordinación e inferioridad económica. Por decirlo de manera más directa, la gente no colabora con la ganancia del otro por estupidez, sino porque recibe algo a cambio. En el caso de las comunidades virtuales, lo que logra es tener acceso a una serie de servicios que le permiten dar a conocer su trabajo e interactuar con otros. Pero a la vez, colaboran en crear una base de usuarios y contenidos que luego puede ser vendida a un tercero, sin recibir ninguna compensación.
Tal “explotación”, de todos modos, no debería hacer perder de vista un asunto de fondo: buena parte de estas nuevas formas de generación de contenido, aún cuando no sean pagadas, pueden molestar y bastante a los poderes políticos. Al fin y al cabo, son vehículos muy interesantes para la difusión de noticias y hechos que los medios suelen esquivar.
Y también allí volvemos a un viejo debate: cómo se puede resistir a partir de las herramientas que el mismo sistema ha desarrollado para ganar dinero. Una “contradicción” que se puede rastrear muy atrás en el tiempo, y que de “2.0″ o de nueva no tiene nada.