La palabra de la gente

Recuperar la palabra de la gente es importante. Dejarle expresar lo que piensan y lo que sienten frente a determinados hechos puede ser una forma de quitarle importancia a tanto discurso especializado que aparece en los medios. Pero el problema es que, al menos en los noticieros argentinos, salir a preguntar a la calle sobre ciertos temas es ante todo una forma económica de llenar espacios.

Digo: ¿qué información relevante puede aportar una persona colgada de un colectivo cuando le preguntan acerca de si se viaja mal? ¿Qué piensan escuchar los movileros como respuesta? En cierta medida, esa costumbre de la prensa deportiva de preguntar en las transmisiones de fútbol boludeces del tipo “¿Fue un partido duro, no?”, se ha contagiado a cuanta cobertura en vivo encontremos de hechos conflictivos. No hace falta preguntarle a alguien que viaja colgado de un medio de transporte si la calidad del servicio es buena o mala; es obvio que es pésima. Y cualquier persona con mínimo sentido común se da cuenta. De hecho el televidente también se ha dado cuenta con sólo ver la imagen.

¿Qué sentido tiene enviar a los movileros / cronistas a la calle a preguntar obviedades? Llenar espacios de canales de noticias con una mínima inversión. La mayor parte de las veces, quienes cubren esos hechos apenas si se han informado del tema, y buscan cubrir ese desconocimiento al hacerle preguntas al primero que se cruza. Hasta suelen hacer siete u ocho preguntas a personas que dicen, sin muchas vueltas, “yo no vi nada”.

Recuperar la palabra de la gente debería ser un objetivo político, no el resultado de la cada vez menor inversión de los medios locales en personal, capacitación e infraestructura. Para qué hacer investigaciones, que son caras y hay que editarlas, cuando puedo mandar un crudo en vivo de 15 minutos con un pobre movilero que hace preguntas obvias y saca conclusiones apresuradas.