Mi vida es tan complicada…

“Si el disco no gustó, todo bien: pero hubo mala leche. Sé que decepcionó al periodismo y a la gente, es mi trabajo que menos vendió a la Argentina, y entiendo perfectamente por qué: es disperso, el resultado de una época personal que también fue dispersa. Tardé mucho en hacerlo… en el medio me separé, cambié de banda, el país se fue al carajo…”.

Las excusas de Gustavo Cerati, en una entrevista publicada por la versión argentina de Los Inrockuptibles, sobre algo que ni los más chupamedias periodistas del medio local pueden ignorar: que Siempre es Hoy es un disco pobre, falto de inspiración, pero por sobre todo, muy pero muy indolente. Un álbum en que el Cerati pierde ya por completo toda distancia crítica sobre su obra. De otra manera no se explica que edite porquerías como “No te creo”, un track tan flojo que su obra con Soda Stereo parezca excelsa. O que uno de los temas más llamativos sea “Artefacto”, un corte que hace recordar al fallido Dynamo, y que en ese disco simplemente hubiera pasado desapercibido.

En el fondo, las excusas de Cerati nos hacen acordar a esos compañeros de trabajo que no pueden terminar sus tareas -y nos enchufan los quilombos a nosotros- porque su vida es “tan complicada” y desdichada que no logran concentrarse en lo que hacen.

Igual, no puedo dejar de reconocer que, en el fondo, prefiero lo peor de Cerati -por más indolente y mediocre que sea- al patrioterismo pedorro tipo Bersuit Vergarabat, y su suma de los lugares comunes más ideológicamente reaccionarios para definir la “argentinidad”. O las bandas que editan una y otra vez el mismo disco, como La Renga.