Simples e Internet, mala mezcla para las discográficas

Desde hace ya varias décadas, un disco exitoso era áquel que lograba tener dos o tres hits importantes, y rellenar el resto con lo que se pudiera. Semejante estructura tenía una razón: las ventas de los discos se potenciaban gracias a la difusión en medios masivos como la radio o los canales de videoclips, y para ello se necesitaba sí o sí un par de singles con gancho.

Pero esa estrategia de impulsar un par de temas para vender un disco completo se reveló problemática en la era de Internet. La razón era sencilla: los usuarios podían bajarse uno o dos temas del disco desde cualquier P2P con apenas tener una conexión telefónica, y evitar comprar el disco. Al fin y al cabo, el resto de la placa era puro relleno. Por ejemplo, cuando uno miraba los temas más populares de una banda en el viejo Audiogalaxy, lo primera que saltaba a la vista era que los temás más bajados eran, por lo general, los más pasados en la radio.

La tendencia es tan clara que incluso las discográficas han tenido que aceptarla, y ahora se dedican a vender canciones sueltas en los sistemas legales de downloads, como iTunes. Claro que la decisión es venderlos a U$S 0,99, a pesar que ahora no hay costos de distribución ni fabricación de CDs. Aunque persisten lo que probablemente sea el gasto mayor: la necesidad de apalancar los lanzamientos con mucha publicidad y marketing, algo que todavía es necesario.

Como escribía allá por mayo de 2002, la tendencia de los usuarios a bajar canciones sueltas tanto de los sistemas legales como ilegales están llevando a la desaparición de los álbumes. Pero no concepto, sino más bien como un producto articulado con las cosas que hacemos todos los días. Los discos dejan de tener tapas y arte; ya no asociamos las canciones a un orden determinado; nos vamos volviendo incapaces de asociar determinados lanzamientos con ciertas etapas de algunos grupos.

Para el futuro, cuando la música opere como un servicio desmaterializado ya no asociado al lanzamiento de un álbum completo, seguramente tendremos lanzamientos periódicos de nuevas canciones. En vez de visitas a la disquería, suscripciones pagas a un sitio determinado -o visitas periódicas a tu P2P preferido-; en lugar de leer revistas de rock para seguir tendencias desconocidas, más bien usarlas como fuente de información para saber que bajarse; dejar de asociar a una banda a un sonido determinado, y más bien referirnos a ellos a través de su imagen, que hemos visto en los videos de MTV.

De todas maneras, no hay nada de malo en que nuestras prácticas cambien. La explosión del P2P ha llenado de música nuestras vidas, pero está erosionando las formas bajo las cuales le dábamos significado. Obviamente, lo más esperable es que surjan nuevas formas de construir significado alrededor de la música. Y las discográficas, claro, están desesperadas por conocerlas. Su negocio está cambiando demasiado rápido, y lo que era un modelo rentable de negocios, basado en la difusión y distribución de discos, es ahora una piedra en el cuello. En el modelo de servicios de Internet las estrategias de marketing asociadas con un éxito son diferentes a las del mundo físico, y esas diferencias no harán otra cosa que ampliarse. Y por ahora, las discográficas no han acertado en dar con las ideas adecuadas. Y la verdad, tampoco sé si es bueno que lo hagan.