Sobre comentarios y comentaristas

Sábado, Marzo 22nd, 2008 | Blogs, Periodismo, medios

Una de las razones del éxito de los blogs ha sido su apertura a los lectores, vía comentarios. La posibilidad de participar en la construcción de un texto, de aportar datos, de corregir errores, era alcanzar un territorio vedado. Para los medios, hasta ese momento, estaba claro que algunos leían y otros escribían.

El éxito de esa apertura no tardó en ser copiado. Hoy muchos diarios y medios tradicionales piden que sus lectores les envíen material. Por desgracia, sería muy ingenuo creer que eso es una apertura democrática. La mayor parte de las veces, se trata de una forma de conseguir material de manera más económica, y de esa manera llenar más espacios. En el fondo, tiene más que ver con la desregulación laboral que con la democracia.

Pero volvamos a los comentarios. La idea por detrás de ellos es simple: habilitar comentarios es una forma de crear un mejor blog, ya que nuestros lectores colaborarán con nosotros en mejorar la información. Una comunidad puede construir mejor conocimiento que una única persona o grupo de personas. El problema que aparece allí es sencillo: ¿qué pasa cuando la comunidad de lectores ya no aporta a la construcción de conocimiento, y más bien se dedica a atacar al autor del blog, a otros comentaristas, o simplemente a dar su parecer desde una posición que invalida el debate?

Cuando vemos los comentarios que aparecen en diarios como La Nación, aparecen todos esos puntos. Agresiones, insultos, muestras notables de intolerancia se mezclan con comentaristas que buscan ampliar la información, que corrigen datos o que simplemente buscan debatir con honestidad. A eso hay que agregarle la “guerra de notificaciones”. En este diario, si encontramos que un comentario abusa del sistema -por ejemplo, deja insultos- podemos notificarlo; el comentario queda oculto hasta que un moderador lo revisa. Lo malo del sistema es que hay quien notifica opiniones válidas, pero que no le caen bien. Con el volumen de comentarios que tiene La Nación, pasan horas hasta que un moderador revisa la notificación.

El problema detrás de estas “guerras de comentarios” es que degeneren de tal forma que muchos lleguen a la conclusión que no sirven de nada, excepto para el insulto y el ataque personal. Frente a ello, tengo más bien preguntas, y pocas respuestas. Listemos:

¿Cómo lograr crear una comunidad de comentaristas en un medio con una enorme cantidad de visitas? ¿Se puede lograr tal cosa, o habría que resignarse a no habilitar comentarios en cualquier lugar? Ya varios blogs grandes han cerrado sus comentarios, o han establecido sistemas de control para dificultar la participación de los lectores.

¿Cómo establecer criterios razonables de moderación? Si estableciéramos que todo comentario aprobado debería aportar cosas positivas a un blog o medio -la idea inicial del tema de comentarios-, ¿cuánto tiempo tardaríamos en caer sin más en la censura?

¿Cómo dar cuenta de la necesidad de entender que los comentarios son parte de un sistema público de expresión? No decimos lo que se nos canta en la vida cotidiana -en tanto existe un complejo sistema de sanciones, que casi nunca tiene que ver con lo legal. Por ahora, muchos comentaristas usan su posibilidad de expresión para decir lo que jamás dirían delante de terceros o en un foro público donde se supiera quien es. Es, claro, un tema viejísimo en Internet. Pero que ha salido de foros y blogs para llegar hasta medios muy grandes. Al quedar cada vez más en la mira de muchas personas, el tema se va a reactualizar. Desde ya, el tema de la redefinición de lo público y lo privado pasa por este tema.

Construir una comunidad de lectores es una tarea compleja, más cuando el número de lectores / potenciales comentaristas es muy grande. Me pregunto cuáles pueden ser las estrategias más adecuadas en este contexto. Porque, de dejar esto en manos de cada medio, a la larga buena parte de la respuesta puede pasar por la censura o la eliminación de la posibilidad de comentar en muchos temas.

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